¿DE QUÉ VA EL LIBRO?


He escuchado esta pregunta muchas veces con “Oriol – La Gran Migración”, y supongo que se debe a que su contraportada, simple y minimalista, sencillamente muestra a Madre Tierra jugando a eclipsar al Sol -cosa imposible para un planeta tan pequeño y tan joven-, y canta un glorioso: “Ésta es la historia de un viaje... al Corazón del Universo”.
No es tan complicado, ya que eso es de lo que trata la Gran Migración.


En un tiempo no muy lejano, mirando al futuro, la Humanidad echa la última gota que colma la paciencia de Madre Gaia, el Espíritu de la Tierra. Gaia decide dar un ultimátum a sus criaturas llamando a sus corazones a que migren al ecuador. Unos captan esta llamada y otros no -dependiendo de su apertura a las cosas sutiles-, pero la gran mayoría sigue una locura peregrinatoria cuyo fin nadie conoce.
Sin embargo, ésta es la única alternativa para el ser humano, de volver a empezar, ésta vez respetuoso y humilde, desplegando Amor en lugar de guerra, Unidad en lugar de separación y odio, Conciencia en lugar de atolondramiento.

Por supuesto, contar esta historia desde los ojos de todos los humanos habría llenado bibliotecas; por eso mismo está Oriol, que es todavía un niño al comienzo de la novela. A través de sus ojos, y de los de sus acompañantes, de todas las edades y procedencias, seguimos una ruta importante y principal en la Gran Migración.

Os animo a participar en ella, pues más que un viaje exterior, es un viaje al propio ser interno de cada uno, un viaje al Corazón del Universo.

YA ESTÁ AQUÍ!!!!!!!


"ORIOL- La Gran Migración"...



Por fin salió, lo acabamos de lanzar al espacio con un cohete de Magia... el que quiera pillar uno que me escriba... nieveandrea@gmail.com
Y para engancharse sin parar, echadle un vistazo al video de arriba, y al prólogo y prefacios de abajo...
FELIZ MIGRACIÓN!!!!



GAIA

A causa de un amor muy grande, acabó por establecerse allí, en el extremo de una galaxia, una hermosura verdiazul a la que, con el paso del tiempo, uno de sus moradores con abierta mente, llamó GAIA.

Pero la inmensa mayoría de aquellos moradores, presos de una mente "dormida" y un ego sin límites, crearon un sistema cuyas reglas terminarían por provocar en el planeta, una situación espantosa, que les empujó a la búsqueda desesperada de alimento y cobijo, tanto para el cuerpo como para el espíritu, sin saber que tales bienes los tuvieron durante milenios, delante de sus ojos ¡Y no los vieron!

Aquellos moradores, dormidos, ególatras, violentos, dominaban y sometían sin embargo, por medio de leyes y normas, a otros, cuyo número era infinitamente menor, y que sin embargo habían alcanzado cotas de evolución, realización y ascensión cuya altura se escapaba a la capacidad de comprensión de los dormidos. Los evolucionados acataban las leyes de buen grado aunque intentaban instalar el verdadero conocimiento, en ocasiones puntuales, consiguiendo resultados muy esperanzadores a pesar de las trabas de aquel sistema.

Pero el peso de los dormidos era muy grande, y por tanto el deterioro de Gaia fue en aumento.

Aquellos ególatras, prepotentes y ambiciosos, creían poder gestionar el planeta como si se tratara de una esférica y gigante factoría. Pensaban que las reservas petrolíferas y metálicas instaladas en las entrañas de Gaia tenían como misión abastecer de combustible a sus motores y estructuras a sus máquinas, sin saber que se trataba de protectores naturales del planeta para diferentes radiaciones e influencias dañinas. Estaban convencidos de que las guerras eran justas; de que tenían el derecho de posesión sobre la persona amada; de que era bueno crear medicamentos contra natura; de que entendían la música; la auténtica filosofía; creían entender de construcción sana; de agricultura; estaban convencidos de que podían sacrificar animales a su antojo con el fin de "incorporar" proteína a su organismo; creían saber gobernar; construían glorietas para los genios, firmaban con orgullo sus obras de arte y escritos, entregaban medallas a los héroes deportivos, adoraban a diferentes dioses, e inventaban materias para poder ser estudiadas en centros de enseñanza, con textos llenos de información apenas importante.

Y nunca supieron aquellos moradores, que en realidad eran polvo de estrellas en forma humana y capaces de gozar de la manifestación inmanente de una Voluntad Suprema - de la que formaban parte -, en forma de universo en expansión continua.

Fernando Esparza

Migrando al Corazón del Universo


De la multiplicidad a la sencillez, de la pluralidad a la unidad, desde la complejidad tecnificada de la sociedad -puro reflejo de la personalidad caótica, sobrecargada, dividida, y desintegrada del hombre actual-, la auténtica Migración conduce a la simplicidad, la integración y finalmente a la Unidad.

La llamada está cada vez más clara, la sienten cada vez más seres, la vuelta a casa, la vuelta al Hogar, al Hogar que está en nuestro corazón, que es el corazón mismo del Universo. Estar atentos al momento en que se nos llama es cumplir nuestro destino, pues el viaje, la Migración, es personal, y es nuestro objetivo real como seres vivos en este planeta.

La marca definitoria de la Realidad es la UNIDAD. En nuestro camino hacia la Unidad, hacia la Realidad, Dios, la Felicidad -tantos son los nombres que le hemos dado a lo mismo- solo tenemos que dejar caer lo superfluo, lo sobrante -y nos sorprenderemos de cuánto sobrante y superfluo tenemos en nuestras vidas- y todo vendrá dado, y al final, nos sorprenderá lo cerca que teníamos esa Realidad, esa Meta, ese Destino; todo el tiempo ha estado en nosotros mismos, ya que la Realidad, la Unidad, es nuestra naturaleza.

Pero insistimos en hacer un viaje, siempre en marcha, siempre moviéndonos, sin darnos cuenta de que el punto de salida es exactamente el mismo que el de la meta, solo que en el “camino” lo que vamos haciendo es dejar caer lastre, quitándonos todo aquello que nos sobra.

Pero es nuestra manera, andar, caminar, viajar, migrar…. Así que dispongámonos a emprender el camino desde nuestro yo hasta nuestro Yo; la Felicidad que buscamos ya es nuestra, solo tenemos que descubrirla. En el “camino” iremos viendo maravillas, magia, hadas y estrellas; y al llegar descubriremos ya sin asombro que todo ello procedía de nosotros mismos, que somos magos, somos la misma fuente de la Vida.

Nos sorprenderá la forma en que nos viene la llamada y todo lo que veremos en el camino, nos encontraremos con seres mágicos, maravillosos, con quienes compartir sueños, Amor, alegría y andadura, para con ellos ser verdaderamente Uno, la verdadera meta de nuestro andar migratorio.

Preparémonos a comunicarnos mediante la Música -el lenguaje perfecto- a ver nuevos colores, a percibir nuevos aromas, a cambiar radicalmente nuestra percepción dejando que la Verdad se manifieste en nosotros como quiera, pues esa es la forma de alcanzar nuestro destino, la Meta, el Final, nuestra Casa, nuestro Hogar, nuestro Corazón.

Rafael Lázaro

Prólogo

La tormenta había estallado simultáneamente en todo lugar conocido. Ahora iba en serio; la Naturaleza, maltratada durante toda la Historia, no perdonaría una vez más la necedad humana; tres bombas de aquellas seguidas, tras la sequía y la atmósfera anegada de humo, eran más de lo que el planeta podría soportar sin desencadenar la sacudida final. A diferencia de lo que venía ocurriendo en los últimos meses, hoy se presentía que la torrencial tormenta eléctrica duraría indefinidamente... Hacía ya bastante tiempo que las estaciones no eran estaciones, ni el aire podía respirarse hondo con placer, pues si uno así lo hacía, la contaminación química le abrasaba la garganta. El cáncer y el Alzheimer, amén de otros muchos males, se habían hecho comunes; lo normal era tomar mil tipos de fármacos acompañando el desayuno, y otros tantos de postre. Se consideraba "salud"; enfermedad era solamente cuando uno ya no salía del hospital. Sólo los más ancianos recordaban haber respirado con comodidad, y haber vivido en un mundo aún sin fiebre; conservaban de ello una desgastada memoria que había perdido el color hacía mucho.

Todo esto lo recordaría Oriol, décadas después -cuando el tiempo ya no existiera-, como una remota pesadilla cuyo fin tuvo suerte de presenciar; pero hoy sus asombrados ojos azules de niño miraban atónitos lo que parecía el fin de la civilización. Nunca lo había visto todo tan oscuro. En torno a su casa aún se tenían en pie algunos edificios, bloques de pisos del mismo tono gris que el aire y que el cielo, igual de cuadriculados e impersonales que las mentes de quienes los habían ideado, con el único propósito de guardar en ellos máquinas humanas que sirviesen al sistema. Unos pocos de estos armarios de hormigón habían quedado ilesos tras los bombardeos en el último ataque de la eterna guerra por el agua potable. El resto del barrio, y de la ciudad entera, se veía cariado por doquier; un infinito desierto ahora inundado por el creciente fango que iba anegándolo todo.

Entonces lo sintió con fuerza; era la llamada.
Escrito en lo más antiguo de sus genes, de su memoria física e incluso atómica, aún bullía la Sabiduría milenaria; allí estaba TODO, y Ello fue lo que habló: debía partir inmediatamente. Eran unas ganas incontrolables de caminar en una dirección determinada, que tiraban de él desde la zona de su corazón y su estómago, un revolverse allí dentro que, como si se tratase de fuerzas invisibles, a un tiempo le producían una alegría infinita y una sensación de incomodidad al no moverse a su favor.
-¡Mamá, vámonos!- gritó de pronto, saltando de su puesto de observación en la ventana-. ¡Debemos partir ahora mismo! ¡Es la última esperanza!- Respiraba como si acabase de correr al límite de sus fuerzas.
-¿Qué dices, cariño?- ella lo sentó sobre sus rodillas; en medio de su estrés, solía tomar crucigramas y sentarse a rellenarlos enfrente del televisor que, hora tras hora, bombardeaba al público con las noticias más espeluznantes-. ¿Adónde quieres ir, y además con esta tormenta? Bastante tendremos con sobrevivir si vuelven a atacar los chinos...-
-O los ingleses- replicó su padre-. ¡Esto es un caos, ya no puede ser! ¿Qué clase de mundo es éste? ¿Qué vida estamos viviendo?- estalló-. ¡Vamos a morir todos!-
-Por favor, Marco, no digas esas cosas delante del niño...- sollozó la mujer. La situación se repetía con demasiada frecuencia últimamente, y Oriol, a sus ocho años, había asumido ya que probablemente no viviría para contar su infancia; que probablemente no habría futuro en la raza humana. A todo se acostumbra el hombre, y Oriol lo vivía como una parte más de su vida, que de todos modos no desentonaba mucho en su matiz grisáceo y oscuro.
Sin embargo, aquel fuerte impulso negaba sus convicciones. Había una salida, pero no la comprendía. ¿Adónde ir, si toda la vida en el planeta desaparecería antes de que pudiese hacer nada por escapar?
Dejando a sus padres en su drama, se sentó de nuevo pensativo, mirando la lluvia caer, y al viento hacer volar las cosas entre violentos destellos eléctricos azotando cielo y tierra. Al fin y al cabo, ¿qué significado tenía todo aquello? Los mayores estaban locos... Pero debía llevarse consigo a sus padres y a la abuela; no podía dejarlos allí a merced de lo que ocurriera. Safo seguro que iría con él; su eterna compañera, una enorme perra negra como su propio pelo. Y habría puesto la mano en el fuego a que el animal había percibido hacía tiempo la llamada.